martes, 21 de mayo de 2013

"Silencio. Mujer pariendo, bebé naciendo"

Esta semana es la Semana mundial del parto respetado. Este es un tema que me apasiona. Un tema que me ha hecho reflexionar, leer, debatir, y que me ha cambiado como paciente y como médico. Ha sido un viaje de concienciación, de aprender a ponerme en el lugar del otro, de alejarme de mi antiguo yo médico y escuchar a mi yo "paciente". Y de volver a un yo médico nuevo y distinto, más humano. 

Porque no sólo se debe reclamar que los partos sean informados y respetados. Es que toda la práctica médica debería serlo. Por ley. La Ley de Autonomía del Paciente. Esa ley que lleva tantos años vigente, pero que tantos médicos y pacientes nos saltamos a la torera. Porque no sólo hace falta un cambio en la asistencia al parto en este país. Hace falta un cambio en el modo de entender la medicina. Hace falta que abandonemos la medicina paternalista o defensiva y encontremos una medicina de diálogo, información, transparencia y respeto mutuo. 

Pero bueno, que me lío. Yo quería contar qué entiendo por un parto respetado. Un parto respetado no consiste en respetar los caprichos o gustos de cada madre, no. Para mí un parto respetado consiste en respetar la fisiología natural del parto mientras vaya bien, y sólo intervenir con fármacos, cortes, instrumentos o cirugías cuando sea estrictamente necesario. "Primum non nocere". 

Porque se ha demostrado que estas intervenciones médicas pueden tener más efectos perjudiciales de los que se creía. La oxitocina sintética,  la epidural, la episiotomía, la posición de litotomía... son rutinas que deben limitarse a los casos indicados. El intentar volver un poco al "parto natural" no es moda ni capricho. Es intentar recuperar prácticas beneficiosas y desechar las que no sirven, es intentar mejorar la salud de las madres y los niños. Y, por supuesto, mejorar la satisfacción de las madres y humanizar el parto, darle la dignidad que merece. 

También creo que un parto respetado es respetar la Ley de Autonomía del paciente. Informar, dar opciones, aconsejar y respetar la decisión del paciente. Si un paciente me dice que no le corte, no le puedo cortar. Si un paciente me dice "no quiero que estos estudiantes vean mi vagina", no le puedo obligar. Es dueño de su cuerpo y su intimidad. Eso está por encima de mi opinión médica o de la enseñanza de la medicina. Es cierto que en un parto también está la seguridad del bebé, pero mientras esa seguridad no esté en riesgo no puedo actuar en contra de los deseos de la madre. 

Y yo no creo que los ginesaurios sean todos malos profesionales. Algunos son médicos que tratan a diario con enfermedades muy serias, de modo que a todo esto no le dan importancia. Otros son médicos en formación que ni siquiera saben que la evidencia actual recomienda hacer las cosas de otro modo. Algunos son personas inseguras que temen al cambio. Otros son médicos con el ego muy grande que se sienten cuestionados. Muchos son profesionales que no se han actualizado aún, porque no han tenido tiempo o porque su ambiente se lo dificulta. Y otros no se actualizan porque no tienen ganas, pues es más cómodo seguir haciendo lo que ya saben, lo de siempre. 

Mi ginecóloga me echaba en cara que no podíamos ir llenándonos la boca con el "quiero un parto natural" y luego todas acudir al hospital con las primeras contracciones, con prisas y nervios, pidiendo la epidural, pidiendo que nos hagan algo, que se acabe ya, que nos saquen al niño... Y en parte tiene razón, las madres somos las primeras que tenemos recuperar nuestros partos. Formarnos un poco, saber qué queremos, qué podemos esperar, qué podemos exigir. Pero sin enfrentamientos, sin exigir imposibles, sin criminalizar a los sanitarios y sin dejar de escucharlos. Hablar, dialogar, consensuar. No sólo hace falta un cambio en los hospitales y sanitarios, sobre todo hace falta un cambio en la sociedad. Porque mientras sigamos viendo programas tipo Baby Boom o partos como el de este corto y pensando que esta es la asistencia al parto normal, esperable y "buena", estamos lejos del cambio. 








lunes, 20 de mayo de 2013

Bailar el aro


El otro día estuve hablando de ejercicios para reducir la barriga posparto y me olvidé de uno que me recomendó una amiga antes de dar a luz. Se trata de bailar el aro. 


Es un modo divertido y poco sufrido de trabajar la cintura, que además no perjudica el suelo pélvico. Y por lo que he leído por ahí, 10 minutos al día es el equivalente a correr un kilómetro o pedalear durante media hora.  

BENEFICIOS DEL HULA-HOOP
Fortalece la cintura
Tonifica las musculatura abdominal y de la cintura
Flexibiliza y fortalece los músculos de la espalda y mejora la estructura ósea
Mejora la postura
Desarrolla la concentración y el equilibrio
Ayuda a eliminar la concentración de grasa
Evita la retención de líquido.

Eso sí, tiene que ser grande (que te llegue a la cadera) y con peso suficiente para poder bailarlo con facilidad. Yo me lo compré en Decathlon, con mucha ilusión (que rima con Decathlon) y buenos propósitos. A mi Juanito le encantaba verme girarlo, pero creedme, bailarlo en la misma habitación por la que correteaba el niño era un deporte de riesgo. Así que después de (casi) darle en la cabeza un par de veces, de que se me pasara la emoción de la novedad, y de que nunca encontrara el espacio y el momento para usarlo, reconozco que el aro acabó en el fondo del armario.

Pero bueno, ahí está. Lo mismo lo rescato para la operación bikini y busco 10 minutillos al día. Sólo son 10 minutillos... y claro, un espacio amplio y libre de niños.

jueves, 16 de mayo de 2013

Barrigafofa postparto

Estaba yo el otro día leyendo un post sobre la barriga posparto y me dio por pensar en mi barriga. Barrigafofa que la llamo ahora. Y me he agobiado un poco ante la expectativa de tener que ponerme un bikini este verano. La verdad es que después de 10 meses de ejercicio regular (de vez en cuando, más bien), mi barriga se ha aplanado considerablemente. Nunca será la que era, porque la piel se ha quedado fláccida (pellejuda para entendernos) y mi ombligo parece "roto". Pero bueno, no está tan mal. Además, que ya me acomplejo menos con estas cosas. Estoy aprendiendo a querer a mi nuevo ombligo feo y hundido. No me queda otra. Bueno, sí, entrar a un quirófano a hacerme una abdominoplastia. Pero paso. Prefiero intentar reeducarme para aprender a sentirme guapa, deseable y feliz así. Operación "tengo cuerpo de madre y también es bonito" vs la clásica operación bikini. 

El caso es que me puse a buscar y navegar y leer aquí y allá... y me entero en una web especializada de que existe una alternativa a los abdominales convencionales más efectiva para aplanar el abdomen y que no perjudica el suelo pélvico. Es más, es que si después del parto se te han quedado los rectos anteriores demasiado separados (diastasis de rectos se llama), estos ejercicios abdominales te pueden ayudar a reducirla. 


Podéis leer de qué va todo esto aquí

Los ejercicios de los que más habla la autora son unos llamados abdominales hipopresivos. Los he probado y no me convencen. Eso de hacerlos en apnea no me mola nada... hasta me mareé un poco. Me gustaron más otros, los que trabajan el trasverso del abdomen. Son ejercicios similares a los hipopresivos, pero sin aguantar la respiración. Puede parecer complicado, pero al final es como una especie de versión elaborada del clásico meter barriga todo lo que puedas. Ja, ¡pues anda que no he hecho yo ejercicios de estos en mi adolescencia cuando me ponía camiseta corta para salir! 

Y, por favor, si tenéis algún otro consejo o truco para mejorar mi barrigafofa, ¡será bienvenido!

lunes, 6 de mayo de 2013

La libertad de las madres

Hoy es el día de la madre. Mis niños, ayudados por su padre, han tenido el detalle de regalarme un libro que tenía muchas ganas de leer, el de Una mamá española en Alemania

Ya lo he empezado y me está gustando mucho. Algunos capítulos me sonaban del blog, aunque también cuenta cosas nuevas. Y te vuelves a reír con algunas historias, como la de las lentejas.  

También nos recuerda que Alemania no es tan estupenda para formar una familia como nos la venden aquí. La conciliación en Alemania no es mejor que en España. Vale, te pagan el 65% del sueldo por tu primer año de excedencia, eso está bien. Pero la escasez de guarderías o empleadas de hogar, junto con los horarios de los colegios, hacen incompatible la maternidad con un trabajo normal. Y que se te considere malamadre por querer trabajar en lugar de ejercer de madremaruja a tiempo completo tampoco ayuda. 

En España ocurre al contrario. Las marujas están mal vistas. El ideal de madre es aquella que combina su actividad laboral con el cuidado de sus hijos, sin descuidarse las mechas... y aún encuentra tiempo para tomarse un gin-tonic con las amigas.

¿Qué modelo es mejor, el español o el alemán? ¿Qué madre es mejor, la madre-maruja-abnegada o la madre-cuervo-gintonic?

Pues mi opinión es que ninguna. Ambos modelos de madre son opciones. Bueno, es que ni siquiera son modelos reales, son sólo etiquetas. Modelos de madre en realidad hay tantos como madres. Y me estoy cansando mucho de las etiquetas en esto de la maternidad, porque nos conducen a los bandos, a las discusiones y a las susceptibilidades absurdas. Como absurdo es, por ejemplo, que cuando yo hable de que dar el pecho me parece una experiencia hermosa me sienta obligada a aclarar, acto seguido, que eso no quiere decir que considere mala madre a la que no lo da. Pero bueno, ¿tan levantados están los ánimos? ¿es que no somos capaces ya de convivir y respetarnos? ¿de debatir con tranquilidad y tolerancia, de aceptar que pensamos diferente y tan amigas?

En Alemania les vendría bien tener guarderías con horarios más amplios. En España nos vendría bien ese 65% del sueldo que les dan durante el primer año de excedencia. En ambos casos nos vendría bien la libertad de elegir. Porque por mucho que se hable de conciliación, mientras haya bandos que quieren hacer la conciliación a la alemana y otros que la quieren llevar a la española, no tendremos conciliación de verdad. Porque no tendremos opciones. Y, sin opciones, no tenemos libertad. 

Me ha parecido un buen deseo para el día de la madre. Libertad para ser la madre que queramos ser. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Dando la nota: "Ana, te vas a constipar..."

Estaba hoy guardando ropa que se le ha quedado pequeña a mi gorda y he visto mi guitarra al fondo del armario. Esa guitarra que me regalaron mis padres cuando era niña, pero que apenas aprendí a tocar...

En mi familia paterna hay mucha afición por la música y el canto. Es rara la celebración familiar en la que mi tío no sacaba la guitarra y nos liábamos a cantar. Casi todos los primos hemos hecho estudios básicos de algún instrumento. Algunos de ellos incluso se han dedicado a la enseñanza de música. Así que no resulta sorprendente que nos refiramos cariñosamente a nuestra familia como "Los Rinrines".

Pero bueno, a lo que iba. Que una de las pocas canciones que sé acompañar con la guitarra es ésta,  "Los amores de Ana". Es una de las canciones que más cantaban mis primas en estas reuniones familiares. Siempre me ha gustado mucho, es pegadiza y divertida. Pero es que, además, cuando la escucho vienen a mi memoria recuerdos felices de mi infancia. Recuerdos de música, canto y risas en familia.