jueves, 25 de abril de 2013

Mi gorda ya come sola

Hoy, estaba recogiendo la cocina cuando he descubierto a mi gorda comiéndose con fruición una servilleta que había en el suelo.  

¡Qué alegría, qué alborozo! 

El que no me conozca pensará que soy una madre desnaturalizada que se alegra porque su hija come celulosa. Pero es que no es eso. Es que hoy, con 10 meses y pico ya, por fin mi niña ha empezado a llevarse las cosas a la boca. 

El acontecimiento ha venido en buena hora, pues hace una semana que la niña empezó a rechazar los potitos. Si le acercaba pan o trocitos de otras cosas, abría la boca, pero con la cuchara giraba la cara. Vamos, que lo tenía claro. Tampoco le he insistido, casi prefiero que coma directamente comida normal, me parece más cómodo entre otras cosas. Y ahora que por fin ha descubierto que ella solita puede comer, ¡podemos probar el baby-led-weaning!  También conocido como baby-led-guarring o mi niño come solo mientras yo blogueo, digo vigilo, vigilo...

En cuanto he dejado de dar saltitos de alegría le he quitado la servilleta y le he dado una rebanada de pan de molde, que ha seguido comiendo con el mismo interés. Y por último, la he sentado en su trona y le he dado media mandarina (antes se la he pelado, no soy tan malamadre), que ha empezado a morder con ilusión (le encanta). En apenas un par de minutos se la había comido enterita. ¡Si es que ha salido tragona, como su madre!

sábado, 20 de abril de 2013

Respuestas divertidas para comentarios indiscretos

El problema de las críticas a tus opciones de crianza es un tema común en la blogosfera maternal. ¿A qué madre no le han preguntado eso de "y hasta cuándo le vas a dar el pecho"? o la versión opuesta de "¿Ah, y por qué no le das el pecho?" 

También son frecuentes las señoras preocupadas por si la niña tiene frío, o sueño, o hambre, como contaba yo aquí hace unos meses. O la prima que se echa las manos a la cabeza porque duermes con tu niña en la cama. O la abuela que te da la brasa para que le pongas pendientes a la niña.... En fin, que todo el mundo opina.  Incluso personas que antes considerabas prudentes pierden el respeto a la intimidad para cuestionarte, aconsejarte o, más llanamente, dar por saco. Ante este tipo de preguntas o críticas tenemos varias opciones:

1. Sonreír y dar alguna respuesta evasiva o soltar alguna excusa ambigua. Recomendado para los desconocidos, al menos si no te tocan mucho las narices y tú estás de buen humor. Ejemplo:

- Vaya, y ¿esta niña no lleva pendientes?
Pues ya, aún no se los he hecho - pones tu sonrisa profidén y con suerte la conversación acabará ahí...

2. "Al que quiera saber, mentiras en él". Recomendable para la vecina cotilla, aunque advierto que "se pilla antes a un mentiroso que a un cojo" (mira, me he levantado refranera hoy).

-Vaya, qué grande está... ¿y duerme ya en su cuarto?
-Sí, sí. Y duerme muy bien. Del tirón. (mentira, mentira y mentira cochina)

3. Responder sinceramente y justificar tus decisiones. Esto yo lo hago muy pocas veces. Con mi hermana, mi madre, alguna amiga... En parte porque no me sé explicar bien, me aturullo y acabo haciéndome un lío. Y en parte porque no quiero que me tomen por una "loca jipi naturalista"

Conversación con mi madre, cuando Lagorda tenía una semana de vida:

- ¿Y no le das manzanilla? 
-No, mamá, si le doy pecho a demanda no hace falta.
-Pues de toda la vida le hemos dado manzanilla y no pasa nada.
-Que yaaa, que yo no digo que pase nada si le das manzanilla. Sólo digo que no es necesaria...
-¿Y no se deshidrata?
-No, mamá. Créeme, que he leído mucho sobre lactancia.
-Yo no sé para qué lees tanto. De toda la vida os hemos dado manzanilla y no pasa nada. No entiendo la manía esta que tenéis ahora de no darles manzanilla. Como la moda de dormir boca arriba, que de toda la vida...
-Señor, llévame pronto...
-¿Qué dices?
-Nada, nada.

Hay casos en los que tienes que cambiar de opción sobre la marcha, según la reacción de tu interlocutor. A mí me pasó hace poco con mi cuñada:

- ¿y hasta cuándo le vas a dar el pecho?
- Pues hasta que ella quiera - respuesta sincera.
-¿Cómo?- ante su mirada sorprendida de "esta tía se fuma algo o las hormonas le han anulado la razón", decidí rectificar a la opción 1.
-Bueno, que no lo sé, ya veré. Cuando empiece a trabajar seguramente...

4. Y por último, la opción más divertida. Respuestas graciosas o absurdas. Es complicado acercar posturas con una sola conversación. No se derriban prejuicios tan fácilmente. Al menos, en mi caso, mis opiniones cambiaron tras mucho leer y reflexionar, o tras la propia experiencia. Así que qué sentido tiene gastar energía en justificarte o en debates que no llevan a ninguna parte cuando puedes echarte unas risas. Ejemplos (ficticios):

- Ah, y cuándo lo vas a destetar, que ya es muy mayor...
-Cuando vaya al instituto, que no quiero que se metan con él sus amigos...

-Este niño está muy enmadrado, es muy poco autónomo...
-Bueno, es que primero tiene que ser heterónomo. (respuesta prestada de Solomillito)

-Ah, y ¿no le das el pecho? pues es lo mejor para él...
-Verá usted, es que la metadona pasa a la leche... 

Vale, vale, este último es muy bruto, pero seguro que la entrometida salía espantada, jejeje...

¿Y vosotros, cómo respondéis a estas cosas? ¿Se os ocurre alguna otra respuesta divertida para este último grupo? Podíamos hacer una lista y echar unas risas...


martes, 16 de abril de 2013

Operación "desenmadramiento" de Lagorda

Como contaba ayer, aún no he conseguido sacar a mi niña de la cama. En parte por mí, que estoy agustito con ella y me ha dado pereza. Y en parte por ella, que la cuna no le mola nada de nada. Lo intenté hace unas semanas sin éxito. Primero probé a que se durmiera directamente en la cuna, con caricias, nanas, todo lo que se me ocurría. Pero nada, se ponía de pie y me gritaba para que la cogiera. Luego probé a echarla ya dormida. La dormía como siempre y, cuando estaba profundamente dormida, la intentaba trasladar a la cuna. Pero en el momento en que su espalda tocaba el colchón se ponía a berrear como una alarma de incendios. ¿Os acordáis del juego de mesa ese que se llamaba Operación? ¿que pitaba la nariz del muñeco cuando fallabas? Pues igual. 

Al final,  estamos probando con la cuna en sidecar y por ahora está funcionando el invento. Se despierta 2-3 veces todas las noches, eso sí, pero le enchufo la teta y seguimos durmiendo. 


Por mí seguiríamos así, porque descansamos todos. El problema es que en breve empiezo a trabajar y voy a hacer guardias. Veinticuatro horas fuera de casa. Veinticuatro horas durante las que mi Santovarón se queda solo con Lagorda tetadependiente. Veinticuatro horas en las que, si no ponemos remedio, el pobre perderá los pocos pelos que le quedan. Por eso, me he puesto seria conmigo misma y he tomado una decisión. Aquí y ahora declaro inaugurada la operación especial (redoble de tambores):



DESENMADRAMIENTO DE LAGORDA 

Me he dado como plazo un mes. Los pasos son los siguientes:


1. Que aprenda a coger el biberón. Tengo varios con distintas tetinas. Probaré con mi leche, con leche de fórmula y con zumo. Mi técnica va a ser la insistencia, constancia o cansinez. 


2. Una vez que coja el biberón, pasaremos a la fase destete nocturno. Esto admite dos variantes: 


2.1. O bien intento que deje de mamar por la noche. Sería un sueño hecho realidad. Cosas de la vida, hace unos años soñaba con príncipes azules y ahora sueño con dormir del tirón... en fin. Había pensado probar a ir atrasando progresivamente las tomas. Que cene bien, luego le doy pecho a las 12 y después ir atrasando cada noche la siguiente toma. Es decir, dormir a la niña cada vez que se despierte con brazos, mimos y paseos. Esto implica pasar buena parte de la noche en vela. Noche tras noche. Conociéndome, al segundo día acabaré acostándome con ella y enchufándole la teta. Por eso, tengo más esperanzas en la segunda opción:


2.2. Sustituir tomas nocturnas por biberones. Una vez que haya cogido el biberón de día, no debería de ser difícil. Y una vez conseguido esto, ir aguando la leche noche tras noche hasta darle sólo agua. Suena factible, ¿no?


Sí, la teoría suena bien. Ya contaré cómo nos va la práctica...


lunes, 15 de abril de 2013

Diario de a bordo

La primera novedad es que ¡llevamos 3 semanas seguidas sin enfermar! Este acontecimiento, junto con el buen tiempo de la última semana, han ido levantando mi estado de ánimo progresivamente hacia cotas de buen humor. Hemos llegado incluso a cotas de felicidad loca. Muy loca. Tan loca que ayer le decía a mi marido mientras paseábamos de la mano que me veía teniendo un tercer hijo. No ahora, tan loca no estoy. Pero sí en un par de años...

Pero bueno, que me lío. Sigamos poniéndonos al día. Ayer ya conté que Lagorda ha echado su primera paletilla. Desde el punto de vista motor, también ha avanzado. Empezó a ponerse de pie al poco de empezar a gatear, y cada vez tiene más soltura. Aún no da pasos, pero al ritmo que va creo que caminará antes de cumplir el año. Sigue siendo muy risueña, pero está echando más carácter, ha dejado de ser un bebote indolente. Ahora, cuando Juanito le quita algún juguete (el pasatiempo favorito de su hermano), ella se resiste y luego chilla. Entonces coge otra cosa. Juanito se la vuelve a quitar y ella vuelve a chillar. Y así pueden seguir hasta el infinito. Entretanto, yo medito sobre la forma más indolora de cortarme las venas...

Con las comidas de Juanito me he rendido. Después de probar de un modo y de otro, de pelear y pelear, al final admití mi fracaso como madre y accedí a que se quedara a comer en el "cole" durante una semana. Por probar si en otro ambiente, comiendo otros niños, nos iba mejor. Lleva una semana y parece que está comiendo muy bien. Y yo he ganado tiempo y paz mental. Así que vamos a seguir así. 

En cuanto a Lagorda, cada vez acepta mejor los potitos, pero el bibe no lo quiere ni en pintura. El baby-led-guarring, no lo estoy haciendo como tal, ya digo que le estoy dando potitos. Pero sí que la siento en la trona mientras nosotros estamos comiendo y le pongo en la mesa trozos de pan, patata cocida, fruta... ¿el problema? que no se lleva nada a la boca. ¡Mi niña tiene 10 meses y no se lleva nada a la boca! O tiene un problema o es muy comodona, porque al final le acerco yo el pan o la naranja y entonces ella sí lo mordisquea y se lo come...

Las siestas de Juanito siguen siendo un campo de batalla. Hoy, después de contarle un cuento, pelear con él, darle un paseo por la calle, volver a pelear y que acabáramos con sendas rabietas, me he rendido y lo he dejado jugando en el salón. Me ha pedido entonces un "little einstein" y se lo he puesto, pero en inglés (venganza de malamadre por fastidiarme la siesta)... y después de verlo atentamente ( o_O ) durante un rato, al fin se ha dormido. Bendito inglés. Por suerte, por la noche es otro cantar. Tiene su rutina y su hora, cae rápido y duerme la noche del tirón.

En cuanto al sueño de Lagorda, el traslado a la cuna ha sido un fracaso. La niña está muy enmadrada y le gusta dormir conmigo, con la teta a mano. Y la entiendo, porque a mí también me gusta dormir pegadita a ella. Sin embargo, la barra libre nocturna no puede continuar mucho más tiempo... Pero bueno, todo esto mejor lo cuento mañana, que hoy me estoy enrollando de más. 


sábado, 13 de abril de 2013

El primer diente

Hace unos días, cuando hablaba con mis suegros de que la niña me daba malas noches y alguien sugirió entonces la manida explicación de "serán los dientes", me dije que era raro que, con casi 10 meses, aún no le hubiera salido ninguno. 

-Como a su hermano, que le salió el primer diente con un año - dijo mi suegra.
-No, mamá - replicó mi cuñada - Juanito con 10 meses ya tenía un par de dientes...

Me miraron para que les aclarara la duda y me quedé en blanco. En blanco y avergonzada. Porque no me acordaba. Sabía que le descubrí su primer dientecillo en casa de los abuelos, dándole un potito, pero no conseguía recordar su edad. Pobre Juanito mío, que tiene una madre desastre que no se acuerda de sus cosas.

Por eso, hoy escribo esta entrada tan sólo para anunciar, tararí tarará, que a mi gorda preciosa le asoma, por fin, una paletilla. 

A ver si ahora empieza a dormir mejor. Jajaja, qué chiste más bueno...

Me estoy riendo sola. Creo que será mejor que me vaya a dormir. 


viernes, 12 de abril de 2013

La soledad de la maruja moderna

No me entendáis mal, esto de la excedencia está muy bien. Me dedico a lo más importante de mi vida: mis hijos. Puedo tomarme la crianza con más calma y disfrutar la lactancia de mi niña. Duermo todas las noches en casa y tengo todos los fines de semana libres. 

Sin embargo, tengo ganas de empezar a trabajar. No me gustan las tareas domésticas, ni la decoración. Con decir que tengo varios cuadros aún por poner y llevo casi un año viviendo aquí... Sólo me gusta cocinar. No se me da demasiado bien, pero me gusta. En cuanto a mis niños, me gusta estar con ellos, pero me siento un poco saturada. Cada vez tengo menos paciencia con los llantos de una y las rabietas del otro. Después de casi 10 meses de maternidad a tiempo completo, se me está agriando el carácter. Me apetece descansar de niños y me siento culpable por ello. Me encantaría ser más maternal, pero no lo puedo evitar, soy como soy. Quiero a mis hijos, pero me gustaría sentirme una mujer "activa" de nuevo. Necesito pasar tiempo fuera de casa, trabajar en lo que me gusta, salir de cañas de vez en cuando, dedicarme tiempo a mí misma. 

En parte, el problema es que me paso los días sola con los niños. No me relaciono con otros adultos y la soledad pesa. Vivimos en un pueblo pequeño y no tengo muchos amigos aquí. Tampoco me resulta fácil salir o quedar con dos bebés a cuestas, sobre todo con el invierno lluvioso que hemos tenido. La tribu 2.0 ayuda, pero echo de menos una vida social 1.0.

En fin, seguro que en cuanto empiece a trabajar me quejaré de lo contrario, de que me gustaría pasar más tiempo en casa, que no llego a nada... Pero así de tonta soy, el caso es quejarse. 

Y vosotras, ¿teníais ganas de reincorporaros a trabajar?


martes, 9 de abril de 2013

Bimba Bosé. Y de repente, soy madre.

En primer lugar, gracias a la editorial Temas de hoy por enviarme el libro. Y gracias a Gema por hacer de intermediaria.

Hace un par de días terminé de leer este libro de Bimba Bosé, titulado "Y de repente, soy madre". Como yo las revistas del corazón sólo las leo en la peluquería, a la que además voy poco, no tenía mucha idea de quién es esta chica. Pero sentía curiosidad por leer el libro porque hace un año, cuando estaba embarazada de Lagorda y leía por internet historias de partos, tropecé con algunas fotos y una entrevista sobre su parto en casa. Despertó mi curiosidad que una modelo famosa y con la posibilidad de elegir la atención médica que quisiese, optase por un parto en casa. 

Adelanto que mi opinión sobre los partos en casa ha cambiado tras mi maternidad. Básicamente porque antes no tenía ni idea del tema y ahora estoy más informada. Antes mi opinión era negativa, cargada de prejuicios, y ahora mi actitud es de curiosidad y tolerancia. Las madres que optan por dar a luz en casa no me parecen irresponsables. Al menos la mayoría, porque también hay mucho folklore de por medio y eso ya no me gusta. 

Pero bueno, a lo que iba. El libro me ha gustado. Tiene un estilo sencillo, coloquial y directo. Se lee fácil. Comienza hablando de su infancia, de cómo nació, cómo la criaron, cómo entendían en su poco convencional familia la maternidad y la crianza. Y viaja por su vida hasta su propia maternidad, sus embarazos, sus hijas. Un poco desordenado a veces, pero en general se sigue bien.

Está escrito de un modo personal, aunque sin detenerse en reflexiones profundas. De hecho, durante los capítulos en los que cuenta su adolescencia y sus viajes, el tono se me hacía demasiado frívolo, no conseguía empatizar con ella. Y despacha un tema tan delicado como un aborto con demasiada facilidad para mi gusto. Pero conforme ha ido avanzando hasta su experiencia con la maternidad me ha ido gustando más, me he sentido más identificada con sus preocupaciones y sus vivencias. 

Habla un poco de todo: del embarazo, del parto, de lactancia, de alimentación, de colecho, de educación... Se nota que se ha preocupado por informarse bien en cada paso de la crianza, que toma sus decisiones de un modo meditado y consciente. Eso me gusta. 

Creo que explica bastante bien los beneficios del parto natural. Y me ha gustado mucho la historia de sus lactancias. Es de agradecer que alguien que escribe sobre lactancia esté tan bien informado. No es frecuente, por ejemplo, que la gente sepa qué es un frenillo sublingual. También me han parecido interesantes sus reflexiones sobre educación. Habla de límites, de autonomía, de libertad. Muy interesante. 

Sin embargo, a veces expone argumentos que no me parecen acertados. Por ejemplo, el típico argumento de "yo pasé el sarampión y no me pasó nada" es un argumento falaz. Es que el tema de los anti-vacunas me pone de mal humor, es para dedicarle otro post. 

Pero bueno, excepto en este tema, sus reflexiones me han parecido cargadas de sentido común y de coherencia con su filosofía de vida. Y el libro en general me ha resultado interesante y ameno. 

jueves, 4 de abril de 2013

La loca de los "fulares"

Todo empezó con un Juanito recién nacido, llorón, llorón y más llorón, que sólo se calmaba con brazos, paseos y teta. 

La recién estrenada madre, ojerosa y desesperada de no poder hacer nada en todo el día por llevar un niño a los brazos pegado, leyó por internet aquí y allá y descubrió que había modos de llevar a tu bebé pegadito a ti y al mismo tiempo tener las manos libres para usar el ordenador, ejem, hacer tareas domésticas... 

El primer portabebés que compré fue un fular elástico. Había leído que para un recién nacido era uno de los más recomendados, así que me dispuse, presurosa y emocionada, a encargar uno.

La primera en la frente. No sé si era porque lo intentaba cuando el niño estaba nervioso o qué, pero Juanito no aguantaba mucho dentro. No nos adaptamos y apenas lo usé. Reconozco que cuando salía a la calle a pasear, con el movimiento, sí se quedaba tranquilito. Pero en casa, o en un bar, estando parada, se hartaba enseguida. Otra pega es que da bastante calor. Sólo vale para el invierno, al menos este modelo. Lo volví a intentar cuando era más mayorcito, con unos 8 meses, pero nada, en este caso el niño se pasaba el rato retorcido intentando mirar hacia delante. Y además, como la tela era elástica, con el peso cedía y  se me acababa bajando a la cadera.

Entonces, un día, iba yo con Juanito en el carro y me crucé con una chica que llevaba a su bebote a la cadera en una bandolera de anillas. Se les veía genial, y como soy un poco consumista impulsiva, esa misma tarde encargué una. Otro fracaso. No me apañaba ajustando la tela, se me atascaban las anillas, el niño se revolvía... un rollo. Y entretanto, mi Santovarón renegaba por tanto gasto poco aprovechado...

Otra cosa que no me gustaba del fular es que tiene mucha tela. Por eso, cuando unas semanas después tropecé por internet con unas fotos de un pouch me quedé prendada. Oye, qué cosa tan chula. Un trocito de tela y ala, el niño a la cadera. Rápido y fácil de poner y de quitar. Y luego, lo puedes guardar en el bolso tan ricamente (el pouch, no el niño ;P )

Me compré un pouch de Hostlings monísimo. Y cuando creció un
poco la niña me compré otro más grande de Petunia pickle bottom, requetemonísimo (el de la foto)... A estas alturas mi marido dejó de renegar, se resignó a mi compulsividad porteo-consumista y empezó a llamarme "la loca de los fulares".

El pouch sí que lo he usado mucho. Con Lagorda. Con Juanito lo probé sentado a la cadera, pero se me quedaba muy separado del cuerpo y no lo veía seguro. Así que lo envié al cajón, junto al fular y la bandolera de anillas...

Por suerte, cuando nació la gorda empecé a rescatar portabebés del cajón. El fular lo usé poco porque era verano. El pouch lo usé hasta los 4-5 meses en la posición de buda. La niña iba feliz, ajustadita a mí, se quedaba sobada enseguida y a mí no me resultaba pesada. Fue la primera vez que disfruté del porteo de verdad. Algún viaje al hospital a hacer papeleos para la excedencia, paseos con Juanito en el carro y ella colgada, para dormirla en casa mientras hago algunas tareas... Como nació en verano, también rescaté la bandolera del cajón y la usaba de vez en cuando. La tela es fresquita y por fin le cogí el truco a las anillas. Es cuestión de práctica, la verdad. Reconozco que la primera vez fue mi paciencia la que falló. 

Sin embargo, Lagorda está gorda. No muy gorda en realidad... vale, no sé lo que pesa, soy una #malamadredesastre que hace meses que no la pone en una báscula. Pero la niña está hermosa, tiene casi 10 meses y portearla a un hombro ya no es tan cómodo. 

Así que he aprovechado que mamá contra corriente se ha embarcado en un nuevo proyecto para dejarme llevar por mi "locura de los fulares" una vez más. Acaba de abrir una tienda de mochilas ergonómicas supermolona, que puedes visitar aquí. Pero cuidado, que tiene cosas muy chulas y te puede pasar como a mí, que tenía la tarjeta cerca y la mano ligera... y me acabo de comprar ésta Ergobaby:



¿A que es bonita? Y tiene pinta de ser comodísima. Estoy deseando que llegue a casa para estrenarla, ¡qué ilusión!