jueves, 21 de febrero de 2013

MINICONVERSACIONES

Juanito ha aprendido a decir grande. Bueno, dice algo así como "GNÁANDE", con especial énfasis en la A. Y con un ligero acento mejicano, no sé por qué. 

El caso es que le encanta decirlo y lo utilizamos con frecuencia. Él aprende y yo me río un rato...



Juanito pidiéndome que le ponga un capítulo de su serie favorita: 


  -¡Entein, entein, entein, entein...! 

  -Vaale, vale. Pero sólo un ratito, ¿eh?
  - ... uuun atito GNÁAANDE...


Más tarde, estoy vistiéndolo y jugando con él. 


  -¿Dónde tienes la barriga?

  -¡Aatíí!
  -Tienes una barrigota linda y grande.
  -¡Gnaande!
  -y ¿Dónde está el pito?
  -¡Ahíí!
  -¡Y es un pito graande!

Entonces se me queda mirando de repente muy serio y me suelta:


  -Nooo, gnande noooo, mamá. Nooo gnande. Pito eh itito...



jueves, 14 de febrero de 2013

Crianza respetuosa, de la teoría a la práctica.

Desde que tuve a Juanito he leído un montón sobre crianza. Sobre todo en blogs, también algunos libros. Y tengo que reconocer de qué pie cojeo. Me gusta Carlos González, me gusta Rosa Jové, me gustan los artículos de la web crianza natural. No estoy de acuerdo con todo, pero, de momento, me parece que la crianza respetuosa es el mejor camino. No me gusta el término crianza con apego. Tampoco me convence el término crianza natural. Creo que crianza respetuosa lo define mejor. Porque se trata de un estilo de crianza que se centra en el respeto de las necesidades, los derechos y los ritmos del niño, al que considera al mismo nivel que un adulto. 

Como digo, me va esto de la crianza respetuosa. ¿El problema? Que se me da de pena. Tendría que hacer un master en psicología y luego acumular 20 años de experiencia y aún así perdería la paciencia 20 millones de veces al día. 


Ejemplo: Ayer, hora de la siesta. Juanito se cae de sueño. Además está enfermo y necesita descansar para recuperarse. Además llevo dos noches durmiendo muy poco y YO necesito un rato de descanso como el comer. 


15 horas. Modo madre-buena-dialogante ON:  -¿Vamos a tomar un biberón de leche a la cama? ¡Venga, sí, vamos! 


15:20. Usando técnicas de relajación. - No, no te levantes de la cama, espera, ¿Quieres que te eche cremita en la cara? Venga, túmbate. Eso.


Después de dejarlo embadurnado y que se quede medio atontado en la cama, vuelvo al salón.


A los 5 minutos, oigo un ruido y lo descubro encaramado a la mecedora de su cuarto, intentando abrir la ventana.


- ¿Qué haces? ¡Que te vas a caer! ¡La ventana no se toca! Vuelve a la cama. 


- ¡No!, ¡eo jugá!.


- Que no, que es hora de dormir. Venga, me acuesto contigo un rato


15:30 horas. Después de 15 minutos haciéndome la dormida mientras el energúmeno de mi hijo se monta y desmonta de mi barriga al grito de Hia! hia!, se me agota la paciencia del todo.


Modo madre muy seria y autoritaria pero que no grita (o lo intenta) ON: - He dicho que te quedes en la cama un rato. Y NO TE LEVANTES.


Me espero un rato en el cuarto, vigilando, hasta que se tumba en su almohada y se le cierran los ojos. Vuelvo al salón. A los dos minutos, aparece por la puerta sonriendo de oreja a oreja:


-¡Mamá, eo jugá!


Ahora me acuerdo y me río, pero en ese momento le quería pegar. Si, es muy triste, tenía unas ganas tremendas de "darle una bofetada para demostrarle quién manda..."


-¡He dicho que te acuestes que es hora de echar la siesta! 


A los 5 min, vuelta a empezar.


- ... ¡como te levantes otra vez me enfado mucho!


A los 5 minutos, madre energúmena que ha perdido los papeles ON: - ¡¡He dicho que te quedes en la cama!! ¡¡Es hora de dormir y punto!!¡Como te levantes otra vez te doy en el culo!


Tras darle un azote en el pañal, pedirle perdón después, volver a perder los papeles y enfadarme con él, que el pobre me siguiera llorando por toda la casa mientras yo me negaba a cogerle... de repente exploté. Me sentí fatal por tratarle así. Me sentí frustrada, cansada e infeliz. Y me eché a llorar.  


Así que, al final mi estilo de crianza es más bien un "sobrevivo como puedo". Y hay días que se me da fatal. Sobre todo cuando estoy cansada, preocupada por algo, o saturada de estar encerrada en casa con los niños enfermos y los Little Einstein de las narices puestos en bucle, capítulo tras capítulo. Porque esos días es que me gustaría dimitir de madre, de verdad. O, como le digo a mi santovarón de vez en cuando, morirme un ratito. 


Dicho así en frío suena exagerado y egoísta. Pero es así. Muchos días me siento así.


Por suerte, el mal día pasa. Los niños mejoran, las noches mejoran. Y luego, cuando descanso y me sereno, me doy cuenta de que no tengo derecho a quejarme y de que tengo todos los motivos del mundo para ser feliz. Así que, me armo de paciencia y lo sigo intentando lo mejor que puedo. 



domingo, 10 de febrero de 2013

Mis conclusiones: guardería sí.


Primera lección: “Open your mind”. 

Las verdades absolutas no existen. Aunque leas mucho y te formes una opinión firme sobre algo,  luego la experiencia y el tiempo se encargarán de matizarla. Incluso de darle la vuelta. 

Antes de esta semana yo estaba convencida de que la guardería iba a ser buena para mí, no tanto para Juanito. Que las guarderías no aportan nada al niño que no le puedas ofrecer tú. Que si él pudiera elegir, se quedaría en casa.   

Bueno, pues los estudios y consejos de expertos están muy bien, pero son generales. Luego cada niño es un mundo, cada niño tiene sus ritmos y cada familia tiene sus particularidades y sus necesidades. Y resulta que Juanito me decía por las mañanas que quería ir al cole a jugar con los niños. Resulta que cuando lo recogía me pillaba una rabieta porque no se quería ir. Y que luego en casa comía genial y se iba a dormir la siesta enseguida, agotado y feliz. 

En cuanto al momento de la separación, a excepción de un par de días que se quedó lloriqueando,  no ha sido traumático. Lo ha aceptado bastante bien, no tengo la impresión de que se sintiera abandonado. De hecho, me veía pasar por allí de vez en cuando a lo largo de la mañana y me decía adiós con la manita, sin pillar rabietas ni querer irse conmigo. 

Así que, después de tantos miedos y dudas de madre primeriza e insegura, mi niño me ha hecho la decisión más fácil. Guardería sí. Me sienta bien y le sienta bien, al menos de momento. El día que me diga que no quiere ir, no lo llevo y punto. No quiero que lo perciba como una obligación o que le tome manía. 

Pero no todo es perfecto. No podía yo estarme quietecita y contenta. Quedarme tranquila, sin calentarme la cabeza. No, no tengo remedio. Yo soy más de estar en un sinvivir perenne de estrés e indecisión. Por eso, como las rutinas de actividades (en concreto, la tele) y otros aspectos de la guardería en cuestión no me acababan de convencer (muchos niños, juntos con los más pequeños… y el dinero también, no lo voy a negar, que es carilla), me pasé el Jueves por otra guardería de la que me hablaron hace poco. 

Me atendió la educadora que se encargaba de la clase a la que iría Juanito. Me transmitió muy buenas vibraciones. No sé si soy buena calando a las personas, pero la chica me encantó. Desprendía dulzura, paciencia y profesionalidad. Me explicó la rutina que tienen en la clase: primero una asamblea, luego psicomotricidad, juego libre, juego simbólico y para terminar “hacen unas fichas”. Esta rutina también me encantó. Cuando le pregunté por la tele me miró raro, como si le extrañara la pregunta, y me dijo que no tienen tele en el aula. Y lo que más me gustó: sólo tiene 5 niños en el rango de edad de Juanito. Es decir, con Juanito, serían 6 niños. ¡Una clase de 6 niños! Para mí, un lujo. Y encima, cuesta unos 70 euros menos al mes. 

Los contras: las instalaciones. El aula de 1-2 años es pequeña. Unos 20 m2 como mucho. Pequeña. 

En fin, mañana lunes voy a volver a visitarla con mi Santovarón a ver si a él también le da buena impresión. 

Como veis, soy un caso. Ahora que el niño está bien, aquí me hallo dándole vueltas al nuevo dilema. ¿Lo cambio de guardería, ahora que se ha adaptado a la primera y veo que le gusta?  ¿y si esta segunda no le gusta?  ¿con qué cara me presento yo el lunes a decirle a la profesora que no lo llevo más, con lo bien que se ha portado ella conmigo, que nos ha tratado como si fuéramos familia? ¿qué le digo, le digo en parte la verdad o me invento una excusa? 

Nota: No me toméis muy en serio, que exagero un poquitillo. En realidad estoy muy contenta, porque tengo opciones y las dos son buenas. En cualquier caso, acepto sugerencias. 

miércoles, 6 de febrero de 2013

Lecciones de adaptación

Hoy mi hijo me ha dado una lección. Después de pasar ansiedad, indecisión, de escribir entradas peñazo-neuróticas en el blog para sufrimiento de mis seguidores, de tener incluso pesadillas (soñé que me cambiaban a Lagorda por otra niña al nacer y lo descubría meses después)... después de todo esto, va mi Juanito y se queda en la guardería tan tranquilo. 

Esta mañana le pregunté que si quería ir a jugar con los otros niños y las profesoras y me ha soltado un ¡¡Sí!! con una sonrisa. Primera buena señal. 

Lo ha llevado su padre, que dice que no se ha quedado llorando cuando se ha ido. Sólo un poco serio, pero que lo ha aceptado bastante bien. Segunda buena señal.

Y durante el par de horas que ha estado allí, no ha llorado nada de nada. Lo sé porque, de camino a la carnicería, me he pasado a echar un vistazo a través de los cristales, temiéndome lo peor. Y como me pillaba de paso (más o menos), de camino a la panadería me he vuelto a pasar. Y al ratito, como hacía muy bueno, he pensado que me vendría bien un paseo y me he vuelto a pasar... pero nada, Juanito no ha necesitado en ningún momento que entrara corriendo al rescate la histérica de su madre.

Cuando lo he recogido estaba un poco paradillo, sentadito en un rincón. Es lo único que no me ha gustado. Pero creo que era por cansancio. O eso espero. El caso es que cuando me ha visto se ha puesto la mar de contento. Me ha recibido con un ¡mamá! feliz y sorprendido (pobrecito mío, ¿creería que no íbamos a volver?) y me ha dedicado una sonrisa para comérselo (¿he contado ya que es requeteguapo?). En casa ha comido bien y ha caído rendido en la cama después. En fin, que pinta bien.

¿Y vosotras, cómo fue vuestra adaptación a la guardería? 

martes, 5 de febrero de 2013

Primer día de adaptación a la guardería

Como contaba ayer, hoy he llevado a Juanito por primera vez a la guardería. ¿Mi impresión? Buena. Bueno, regular. Bueno, no sé. Es que creo que no soy objetiva. Creo incluso que estoy pasando por una fase de enajenación maternal de esas en plan "nada es suficiente para mi hijo". Que mis exigencias o gustos son utópicos, que mis pegas son tonterías tal vez, que soy una quisquillosa.

Pero como este blog me sirve de desahogo, voy a contar mis pegas y mis peros, aunque sean tonterías. 


Hoy me han dejado quedarme todo el rato con el niño. Tres horas. Soy consciente de que es un lujo, en ese sentido la profesora ha sido estupenda. Un primor, vaya. He intentado irme un ratito varias veces, pero Juanito se ponía a llamarme gritando con mucha ansiedad y al final me he quedado todo el tiempo. 


Cuando hemos llegado, su primera toma de contacto ha sido buena. Un sitio nuevo, con juguetes, con niños. Le ha estimulado y se ha puesto enseguida a jugar, a querer cogerlo todo, a subirse en un minitobogán que tienen, a saltar... El resto de los niños estaban casi todos sentados viendo un vídeo. Esto es lo que menos me ha gustado de la guardería. La cantidad de vídeos que les ponen. Entiendo que lo hacen para que no se les descontrolen demasiado, para "centrarlos un poco" (palabras de la profesora). Entiendo que cuando tienes a 20 niños juntos y sólo dos profesoras, pues es complicado estar pendiente de todos si están jugando, corriendo, peleando y gritando y que necesitan de vez en cuando ponerles la tele, o sentarlos para escuchar un cuento o ver unas fichas todos juntos... Y me parece bien que tengan una rutina. Les ayuda a que los niños acepten mejor cada actividad y hace más fácil llevarlos. Pero me ha parecido que en esa rutina pasan demasiado tiempo pretendiendo que los niños estén sentados. Sentados viendo un vídeo, sentados escuchando un cuento, sentados para cantar una canción. No sé, a mí me gustaría que les dejaran más rato jugando a su bola, con libertad y espacio para explorar. Con una atención más individualizada. Pero claro, con 20 niños de todas las edades y sólo dos profesoras es difícil ofrecer eso. 


Alguno me podría decir: "¿y tú qué sabes de educación infantil?". Vale, no soy educadora, no soy experta, es sólo mi opinión personal. Y vale, no puedo pretender que los objetivos y las ideas en cuanto a crianza y educación de las profesoras sean idénticas a las mías. Pero me preocupa la felicidad y la educación de mis hijos, así que he leído bastante sobre el tema. He leído artículos sobre rabietas, sobre la inutilidad de los castigos, sobre libertad y límites, sobre guarderías. Y esta semana he leído bastante sobre los "signos de que una guardería es buena".

Por eso, no me gusta cuando escucho a la profesora decirle a una niña, que no se quería sentar cuando tocaba escuchar el cuento, que se estaba portando regular y que la iba a mandar a la silla de pensar. No me gusta que le digan a uno de los más grandecitos: "venga y no llores que no te pasa nada, que ya eres muy grande". No me gusta que le digan al bebé que llora en la hamaquita "que no te voy a coger, que te tienes que acostumbrar a la hamaquita". No me gusta que me digan que aproveche para irme cuando Juanito está despistado, cuando lo que yo he leído es que es más recomendable despedirse y explicarle que vas a volver... 


Que sí, que son cosas sin importancia, que soy una quisquillosa. Una madre "mosca-cojonera". Pero yo es que estoy pasándolo hasta mal con esto, ando indecisa perdida, que ni duermo bien, que a ratos estoy pensando: "que sí, que le va a venir bien, que se ha comido un bocadillo entero, y además son sólo unas horas, no es para tanto..." y al momento estoy diciéndome: "Se acabó, mañana me disculpo con la profesora y le explico que no lo voy a traer más..."

Viendo mi incapacidad para decidirme, mi enajenación transitoria y mi subjetividad maternal, al final he decidido que mañana lo lleve su padre y que decida él. 

lunes, 4 de febrero de 2013

¿Son beneficiosas las guarderías?

Ya está, mañana empieza Juanito la guardería. 

Después de darle vueltas al tema en Navidad, al final las dos guarderías que me gustaban estaban completas. Y casi que sentí alivio al poder postponer la decisión. En su lugar, aumenté mi ayuda doméstica (más conocida en esta casa como LaChari) a un par de horas al día, con lo que mi paz mental parece que estaba bastante recuperada. Excepto para las comidas. Juanito es caprichoso para comer y come muy poco. Intento ofrecerle una dieta variada, pero creo que no lo estoy consiguiendo. Como se me da mal la cocina, le dedico al asunto horas de planificación y tiempo que no se ven recompensadas, pues el niño la mitad de los días se niega a comer lo que le pongo, con el consiguiente berrinche por mi parte y rabieta por la suya. Además de que a esa hora suele coincidir que Lagorda se pone a llorar de sueño para sumarle estrés al asunto. 

A lo que iba. Que ha habido una vacante en una de las guarderías. Es la que menos me gustaba de las dos, pues no tiene patio exterior de juegos, pero tiene otras ventajas. Tengo buenas referencias de amigos y la he visitado y he hablado varias veces con la que será la profesora de Juanito, que me va a permitir hacer una adaptación muy gradual. Es una guardería pequeñita, toda acristalada, de modo que en cualquier momento se puede ver a los niños desde fuera. Eso transmite transparencia, me gusta. Son 20 niños de 0 a 3 años, con dos profesoras. La profesora de Juanito es tranquila y cariñosa, y también me transmite confianza. Tienen libros, pinturas, juguetes. Las paredes están llenas de dibujos hechos por los niños. Se ve todo limpio, hay bastante luz natural...

¿Los contras? El espacio no es demasiado grande. No es que estén los niños apretados, para nada, pero tampoco tienen demasiada amplitud para el trote que necesita un niño de dos años. Me gustaría un ratio más reducido (una profesora más), pero es algo prácticamente imposible de encontrar a no ser que se cambiaran las leyes al respecto.  Siempre que he ido están los niños bastante parados, jugando a juegos dirigidos, otras veces viendo programas educativos o cantajuegos en la tele.  Supongo que es casualidad, que el resto del tiempo están de otro modo, pero no me ha dado buena impresión. Yo entiendo que los niños a esas edades tienen que estar activos, jugando y explorando, no sentados viendo la tele (no mucho, al menos). Que no es que se les vea tristes, ojo, sólo que los he visto un poco apagados, demasiado sumisos, no sé. Tal vez otros, ante el mismo panorama, ven niños buenos y obedientes. Tal vez es que no estoy convencida y por eso sólo veo inconvenientes. 

He estado a punto de echarme atrás. Mi instinto de madre me dice que no hay necesidad, que haga un esfuerzo y lo siga cuidando en casa, que con LaChari me apaño bastante bien, que la atención que yo le dedico no se la pueden dar en ningún sitio... Pero por otro lado  muchas veces lo veo agobiado en casa, y no siempre puedo sacarlo a que corra y juegue un rato. Como he dicho antes, come fatal, y creo que comer con otros niños le podría venir bien. A mí esas horas de paz y "libertad" me vendrían genial. Y, además, mi entorno, incluído mi Santovarón, no paran de aconsejarme que lo apunte a la guardería desde que empezó el curso. Que le va a sentar bien cambiar de aires unas horas al día, estar con otros niños. Que va a aprender a comer. Que al menos pruebe un mes, que no pierdo nada. Que si no lo veo claro pasado ese tiempo, pues nada, lo saco y ya está. En fin, visto así...

Y claro, con la cabeza dándole vueltas al tema, anoche hice una búsqueda en pediaclic y estuve leyendo cosas aquí y allá, intentando decidirme. No sé para qué leo, si al final llego a las mismas conclusiones. Que las guarderías están bien, son una opción válida y necesaria en muchos casos, pueden tener beneficios en otros casos, pero no son "buenas para el niño" ni "la mejor opción" como creen muchos padres y abuelos. Cuidado, que no digo que sean malas, sólo que no son mejores. Que eso que me repiten mis suegros de que hay que llevarlos porque se regulan, porque cogen horarios, porque sociabilizan, porque se divierten, porque aprenden, porque les preparan para el cole... pues que no. Que no le aportan nada, que no le hago ningún mal al niño si no lo llevo. 

Todos los expertos coinciden en que hasta los tres años más o menos, la opción más saludable y beneficiosa para desarrollo del niño es que esté al cuidado de sus padres, siempre que tenga un entorno seguro y unos padres que le dediquen cariño y atención. 

Pero claro, esa es la recomendación general, luego hay que individualizar, cada niño y cada familia tienen sus particularidades, sus ritmos, sus necesidades... Y tampoco le hago ningún mal si lo llevo, ¿no? ¿Por qué entonces tengo el sentimiento de que lo estoy "abandonando" allí?

Ayyyyy, ya estoy hecha un lío otra vez. Y un coñazo, siento el rollo neurótico que os acabo de largar. Como dice mi Santo, ¿para qué leo y me complico tanto?