martes, 30 de octubre de 2012

DIARIO DE LAGORDA: cuatro meses con nosotros


Mi niña ha sido una recién nacida muy tranquila. Comía, regurgitaba, cagaba y el resto del tiempo dormía. Esa era su rutina. Y menos mal, porque esas semanas Juanito estuvo muy difícil. Entre una faringitis, los celos de príncipe destronado y los conflictos propios de su tierna edad, nos dio mucho trabajo durante el día y muchas noches toledanas.

Pero que estaba hablando de Lagorda. Como decía, no ha sido muy llorona. Gruñe y suelta algún lamento cuando tiene sueño, hambre, gases...y lloriquea un poco al caer la tarde. Pero en general conseguimos calmarla con facilidad. Como además he tenido la gran suerte de tener al papá de vacaciones ocupándose del hermano terremoto, pues la he disfrutado mucho.  Me he sentido vinculada y enamorada desde el principio de un modo muy intenso. El único problema es que cuidar a un recién nacido, aunque sea bueno, requiere mucho tiempo. Todo tu tiempo. De modo que he tenido un poco abandonado a mi Juanito, con el consiguiente sentimiento de culpa. Y además he vivido acojonada por el momento en que mi Santovarón comenzara a trabajar y me quedara sola. Sola con los dos. Qué horror.

Desde que cumplió los dos meses empezó a ser más activa y protestona. Ya no se queda tan conforme en la hamaquita, pasa mucho más rato despierta y quiere brazos y atenciones. No sabe ná.

La lactancia está siendo fácil. Me quedé esperando sentada las grietas y la ingurgitación de los primeros días. Pero nada. Unas cuantas molestias cuando subió la leche, que mejoraron con frío local y tomas frecuentes; y una mastitis al mes y pico, que mejoró con antibiótico, tomas frecuentes y masajes y más masajes.  Por lo demás, como la seda.

Se está criando gorda, de ahí su nombre. Es una tragona. Al principio, hasta vomitaba de tanto tragar.  Ya la primera semana de vida cogió 300 gramos, así que me he librado del famoso a la par que nefasto comentario de “¿y no se estará quedando con hambre?”.

Empezó a echar sonrisas con apenas un mes de vida.  Sonríe mucho, con una sonrisa entre bobalicona y tímida que en su cara mofletuda queda adorable. Sonrisa de gorda feliz. Sus primeras carcajadas sonoras creo que las soltó con 2 meses y pico… qué pena, no me acuerdo exactamente de cuándo fue. Sí que recuerdo que me sorprendió, que no venía a cuento. Creo que estaba hablándole y empezó a reírse. También se ríe cuando su hermano parlotea o juega cerca de ella; se queda mirándolo y de repente empieza a descojonarse ella sola. Y claro, a mí me da la risa y se me cae la baba a partes iguales.

¿Qué más?  “Gorjea” mucho, más que su hermano a su edad. Desde muy pronto, cuando le hablamos, enseguida sonríe y comienza a soltar “ooohs” y “ajós”. 

Con dos meses ya sostenía la cabeza, y con cuatro meses y pico que tiene ahora casi se tiene sentada. Sigue los objetos con la mirada y gira la cabeza hacia los sonidos.  Está en plena fase de chuparse los puños y todo lo que caiga en sus manos (menos en chupete, qué jodía). También intenta coger los objetos que tenga cerca, aunque aún le cuesta y se le escapan.

Y...del tema sueño ya hablo otro día, que me estoy enrollando de más. 

sábado, 27 de octubre de 2012

Paseo guiado por la blogosfera (III)

-¿Pudiste ver alguna de las charlas de PediaTIC?. Aún estás a tiempo de ver las grabaciones. Yo sólo pude seguirlo un ratito, y así de paso desvirtualizar a algunas blogueras que sigo (curiosona que es una), como Begoña de Ahora la madre soy yo. O como mamá en alemania, que me sorprendió por joven, por tímida, por guapa y por morena. Sí, me la imaginaba rubia, ¿será por que vive en alemania? ;P

-Hablando de PediaTIC, la mamá pediatra nos trae esta semana una entrada muy interesante donde plantea la "inmoralidad" de no vacunar a los hijos


-También en PediaTIC descubrí un blog solidario llamado Hij@s de Eva y Adán. Su autor, Rubén García, habló en el congreso de cómo las tecnologías podían servir para mejorar el mundo, de cómo podemos usar las TIC para que sean armas de construcción masiva a través de tres pilares: Conciencia, Coherencia y Compromiso. 

-Madres de la blogosfera. Si creéis que habéis tenido un día duro, leed el relato de una boda en la Familia Tigre. Advertencia: además de reíros un rato, se os quitarán las ganas de ir a por el tercero.

-La rubia se calienta y se despacha a gusto con la PsicólogaDePacotilla en este post. Grande la rubia y sus ovarios.

-¿Sabías que la mamá desmadre tiene un nuevo bebé?  Si quieres echarte unas risas, no te pierdas su última aventura desmadrosa.

-Qué original el vídeo de esta boda, que descubrí a través de Baballa. Está montado con muchas fotos simulando movimiento. Me ha dado una idea para un montaje con mis pequeños. Por cierto, el vestido de la novia es precioso.


lunes, 22 de octubre de 2012

Dar el pecho en lugares públicos. Naturalidad frente a la intolerancia.


Adelanto que a mí me suele dar corte “sacarme la teta”. Intento ser discreta, así que me echo por encima una toquilla o me giro de cara a la pared. Procuro ser educada, así que a veces incluso he pedido permiso. Pudorosa que es una. Y tonta.

El otro día escribí un comentario en un blog que hablaba de lactancia. El post me gustó, transmitía sentido común, tolerancia y respeto. Pero uno de los comentarios criticaba a una madre que en una reunión de trabajo le dio el pecho a su hijo. 

Me acordé de La MadreTigre, cuando contaba que alguna vez le ha dado el pecho a la cuarta en reuniones de trabajo. Me acordé de mis guardias de 24 horas, en las que alguna vez me llevaron a Juanito al trabajo para darle una toma y que no me reventaran las tetas. Me acordé de una amiga abogada que se vio presionada por su jefe para ir a un juicio a las pocas semanas de parir y le dio el pecho al crío en la puerta de la sala, justo antes de entrar.

Me acordé también de un día que LaGorda se pasó media hora llorando desconsolada porque no tuve las agallas de darle el pecho en una zona muy transitada de mi ciudad. Y es que, cosas que pasan, no iba vestida para sacarme la pechuga “con decoro”, ni llevaba nada para taparme. Mientras la consolaba después en casa, con el corazón encogido, meditaba sobre mi pudor, las normas del decoro y la estupidez humana. Recuerdo que le prometí a mi niña que “una y no más”.

A lo que iba. Que me acordé de todo esto y… qué queréis que os diga, se me inflaron las narices y le contesté un par de cosas a aquel comentario anónimo. Hoy he revisitado el blog y me he llevado un disgusto. Me han llovido comentarios negativos, a la vez que se repetían las críticas a la mala educación y la falta de respeto que demuestran aquellas que dan el pecho en público con "demasiada" naturalidad. Me he sentido impotente, triste… y al final se me han vuelto a inflar las narices y me he puesto a escribir este post.

Estoy segura de que todas las madres coincidimos en que lo ideal para dar el pecho es estar en casita, con las tareas hechas, un ambiente tranquilo, música suave, un bebé relajado que se agarra a la primera, que coloca su manita sobre tu pecho y que mama del tirón en 5 minutos. Ah, y si no traga aire mejor. Y si mama con horario para que planifiques tus salidas, mejor que mejor.

Pero, ¡oh, destino cruel!, la vida no es tan sencilla. Resulta que la lactancia a demanda, esa que recomiendan las sociedades científicas que más saben del tema, no tiene horarios. Resulta, además, que algunos bebés no quieren chupete y su mejor consuelo cuando tienen gases o les molestan los dientes o les cuesta dormir o vete tú a saber, es cogerse un ratito al pecho. Y resulta que las madres, además de madres, quieren salir de casa de vez en cuando a hacer otras cosas.

Entonces se puede dar la eventualidad de que tu hijo llore cuando estáis en un lugar público. ¡Horror! ¿Qué hacer?

Pues qué vas a hacer, alma de cántaro. Dale el pecho a tu hijo y que le den viento al qué dirán. No se trata de demostrar nada ni de ofender a nadie sacándose la teta “en plan desafío” para aposentarla en la barra del bar junto al café del señor de al lado mientras me traen al niño que está en casa de la abuela. No, eso es otro asunto y no voy por ahí. Tengo poco tiempo y demasiada vergüenza para embarcarme en ese tipo de reivindicaciones, que por otro lado creo que nos hacen más mal que bien al resto de madres lactantes normalitas y corrientes. Porque la mayoría de madres lactantes normalitas y corrientes intentamos ser discretas en la medida de lo posible. A veces enseñarás menos y a veces enseñarás más. Y si no, que levante la mano a la que no se le haya caído la toquilla que se había echado por encima en mitad del proceso. O a la que el niño no se le haya distraído y se haya soltado un ratito para echar unas risas y unos ajós mientras la teta queda al descubierto. Qué estrés, Dios mío, por volver a ocultar el pezón en el menor tiempo posible.  No sea que lo vea alguien y se ofenda. No sea que se le corte la digestión a la pareja de la mesa de al lado.

Señores, vale ya.  Vale ya de ver falta de respeto o de educación donde no la hay.

La mayoría de madres lactantes normalitas y corrientes sólo queremos poder consolar y alimentar a nuestros hijos sin miradas ajenas reprobatorias. Sin sentirnos incómodas. En paz. Dejadnos amamantar en público en paz. Bastante dura y loca es la maternidad para andar cargandola de más estrés con prejuicios intolerantes y demás “tontás”. Sí, "tontás". Como "tontá" es ponerme a escribir un post defendiendo una cosa tan obvia y tan…tan tonta. 

Esta tabla representa a la Virgen María dando el pecho al Niño Jesús en una escena de "Santa conversación" con san Ambrosio, Santa Catalina, Santa Margarita y San Francisco.
Ay, desvergonzada...

Todas las imágenes las he tomado del blog El arte de ser madre. No hay más que echar un vistazo a las 175 obras de arte de distintas épocas y estilos que representan la lactancia para constatar, una vez más, que la ofensa o falta de decoro está más en la mirada "corta de horizontes" que en el acto de amamantar. 

domingo, 21 de octubre de 2012

DIARIO DE LAGORDA: Anécdotas del parto


Lagorda acaba de cumplir 4 meses de vida. Me gustaría ir recogiendo aquí su desarrollo, sus peculiaridades, sus gracias…Y lo siento si me pongo ñoña. Como ya dije al principio, es mi blog.

Hagamos pues un breve resumen de sus avances.


Bueno, teniendo en cuenta su corta vida, mejor hagamos un resumen de la misma, sin más.

Lagorda tuvo un nacimiento hermoso (sí, habéis oído bien, un parto bonito, algún día lo contaré). Las primeras horas con mi niña me sentía pletórica de felicidad, hormonalmente "colocada". Como ejemplo, una anécdota: 

Pase de planta del ginecólogo a la mañana siguiente de parir. Señor mayor con bigote, acompañado de una residente de primer año “divina de la muerte”, con pelo perfecto, maquillaje perfecto y libretita monísima en ristre.

-Buenos días
-Buenas- contesté yo.

-A ver, el primer día tienes que palpar la barriga- empezó, dirigiéndose a su aprendiz, mientras me empezaba a apretar la barriga como quien amasa pan y sin previo aviso- para ver que el útero está bien contraído.
-Ay..(que conste que me quejé muy poquito, que eso dolía un montón)

-También tienes que valorar las mamas, para comprobar si ya ha tenido la subida de la leche y ver si hay ingurgitación. Tienes que palparlas. ¿Puede abrirse el camisón?
-Sí claro. No me ha subido aún la leche- le comenté yo mientras él se hacía el sordo y seguía amasa que te amasa.
-Venga, ahora tú- le dijo a su residente.

Y la chica empezó a palparme también, no sin cierta vergüenza.

A mí me daban ganas de decir: “holaaaaa, estoy aquiiii, no soy un trozo de carneeee”.

Fuera coñas, sí que tendría que haberle explicado a la chica que lo educado es pedir permiso primero. Pero como lo paso muy mal con los enfrentamientos (me pongo roja, me dan sudores y después me duele la cabeza), evito crear conflictos a no ser que me toquen demasiado las narices. Y en aquel momento, yo estaba tan "feliz-flowerpower-he-tenido-el parto-que-soñaba" que a mí todo aquello me causaba más risa que otra cosa.

-Y luego tienes que revisar los puntos y el periné. ¿Estás sangrando mucho?
-Como una regla abundante.
-Vale, vamos a echar un vistazo.

Yo, obediente, me despojé de mis braguitas y de lo poco que me quedaba de pudor.

-Vaya, qué inflamado está esto. ¿Tuviste un parto traumático?

Y atención, aquí viene mi respuesta de "pánfila-colocada" total - Uy, no, qué va, si fue precioso.

Creo que fue entonces la primera vez que el ginecólogo levantó la vista y me miró un momento a los ojos. Seguramente quería comprobar si también tenía cara de flipada.  

jueves, 18 de octubre de 2012

Paseo guiado por la blogosfera II


Más que escribir, me gusta leer otros blogs. Algunos me hacen reír, otros me conmueven y otros me hacen pensar o me enseñan algo.

Todos los fines de semana, si nada me lo impide, estáis invitados a dar un paseo guiado por mis lecturas favoritas de la blogosfera.


-Estupendo el balance que hace Belén, mamá sin complejos, de su evolución como mujer y madre a lo largo de la treintena.

-A través de La madre Tigre he descubierto a una bloguera fuera de lo común. Se llama Lady Gin Tonic, tiene 80 años, cabello plateado, mucha clase, mucha gracia y muy pocos pelos en la lengua. ¿Sabes qué son las bienfollás? Aquí lo explica ella estupendamente, a la vez que nos echa un rapapolvos a las nuevas generaciones.

-Desternillante la madre ninja y sus técnicas desesperadas para atajar rabietas por lo sano. Mano de santo.

-Amalia, la mamá pediatra, nos emociona esta semana con su breve relato. Lo mejor, la respuesta de su niña cuando le dice eso de: "hueles a mamá: el mejor olor del mundo". Para comérsela.


-El evento blogosférico del año, que reúne a pediatras, padres y educadores para hablar de su interés común: los niños y las nuevas tecnologías. Mañana sábado 20 de octubre comienza PediaTIC. ¿Que no puedes asistir? No pasa nada, lo puedes seguir en Streaming en este enlace: http://streamingpediatic.blogspot.com/


Editado: esta entrada la tendría que haber publicado el viernes, no hoy. De verdad que estaba convencida de que hoy era viernes. Tengo la cabeza...que no sé dónde la tengo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Las señoronas de los semáforos


Toda mamá con carrito conoce a las señoronas de los semáforos. Esas señoras de pelo cardado, collar de perlas y mucho mucho tiempo libre, que por las mañanas salen a pasear cogidas del brazo en busca de entretenimiento.  

Mientras sus maridos se sientan junto a alguna obra pública a quejarse de “lo mal que está quedando la calle”, estas señoras comienzan su rutina matutina: en primer lugar, la peluquería (a que les recoloquen el cardado al mayor diámetro posible). Luego, toca misa de once. Y al salir de misa se van a pasear sin rumbo fijo. Como tienen el reloj biológico en “modo abuela”, uno de sus pasatiempos favoritos es “examinar a los bebés” que se cruzan en su camino. 

Yo me las suelo encontrar cuando salgo con Lagorda a hacer algún recado. Sobre todo si llevo prisa. Y si, con las prisas, llevo a la niña en pijama debajo de la mantita, entonces me las encuentro fijo. 

Una vez me han visto, indefectiblemente adaptan su dirección a la mía para poder ir observando a mi niña y esperar la oportunidad de empezar su interrogatorio. Intento no ser maleducada (al menos no demasiado), así que les sonrío y acto seguido pongo el turbo que me las piro. A veces consigo despistarlas; soy más joven y más rápida. Pero ellas tienen un elemento poderoso a su favor: los semáforos. El semáforo en rojo es su mejor aliado. Se acercan despacio, tranquilas y sonrientes, a sabiendas de que su presa está ya acorralada.

-¡Ay, mira el nene, pero qué bonico es!
-Yo- Gracias. Pero es una niña (o es que no ve usted el vestidito rosa que lleva...)
-Ah, es que como no lleva pendientes...
(y los zapatos con moñas y mariposas, ¿tampoco los ha visto?)

Se suelen quedar un ratito con la mirada inquisidora clavada en la madre desnatularizada que no le ha puesto pendientes a su niña, esperando que les dé una explicación. A lo que yo he optado por contestar con un socorrido:

-Ya. 

Viendo que a ese tema no le van a sacar más miga, comienza el turno de preguntas y consejos.

-¿Y qué tiempo tiene? (qué madre hay a la que no le hayan hecho la pregunta estrella)
-Tres meses.
A lo que invariablemente sigue la respuesta estrella: pues qué grande está.
-Gracias. (en realidad no llega al percentil 15, pero le agradezco la mentira piadosa).

-Mírala cómo se restriega los ojos, pobrecita, parece que tiene sueño-dice una.
-No, yo creo que es hambre-replica la otra.
-¿y no tendrá frío? 
(Bueno, pues cuando lo decidan si eso me cuentan) Pienso yo.

Pero, por suerte, los semáforos no están en rojo para siempre.

-Está verde. Venga, venga, no te entretengas más.
-Eso, eso , date prisa, que la niña tiene hambre.

lunes, 15 de octubre de 2012

Paseo guiado por la blogosfera


Más que escribir, me gusta leer otros blogs. Algunos me hacen reír, otros me conmueven y otros me hacen pensar o me enseñan algo.

Muchas veces me gustaría “compartirlos”, pero en mi entorno 1.0 no hay mucho interés por estos temas. De hecho, me consideran un poquito friki de los blogs. Así que voy a probar a compartirlos en el mundo 2.0, porque si habéis acabado en mi blog, será que os interesan estos temas un poco, digo yo.

Queda inaugurada entonces esta cita semanal. Todos los fines de semana, si nada me lo impide, estáis invitados a dar un paseo guiado por mis lecturas favoritas de la blogosfera.


   Polémicas de la semana:

-Cuentos infantiles que “normalizan” el tristemente aún tradicional cachete en el culo a los niños. Espero que esté cerca el día en que la sociedad se sensibilice con este tema. La mamá de Mateo lo argumenta muy bien aquí.

-La mamá pediatra plantea la siguiente pregunta: ¿ Los pediatras deberían formarse como asesores de lactancia?


   Me han hecho reír, entre muchas otras:


-Las noches de camas musicales de Mamá en Alemania.

-Y las Historias de embarazo de la mamá del pelirrojismo.


   Me han hecho reflexionar:

-Totalmente de acuerdo con Eva Hache cuando dice:  "¡Oh, mundo cruel! ¡Nos has exigido que seamos hombres y madres! Eso no puede ser." Su artículo no tiene desperdicio.

-La Madre Tigre remueve nuestras conciencias de doble moral: “Cada día mueren más de 6000 niños de hambre en el mundo. Se mueren de hambre porque les dejamos. Sin más” 



jueves, 11 de octubre de 2012

Mis compañeros de piso


Cuando vivía con mi abuela en mi primeros años de universidad, a la pobre se le gastaba la saliva de regañarme para que ordenara mi cuarto:

-Tienes que empezar a ser más apañada, que si no no te vas a casar nunca.
-Abuela, no seas antigua. Pero si mi novio sabe cómo soy y le da igual.
-¿Que le da igual? Ay, hija, pues entonces es que es un santo varón.

Pues sí, al cabo de unos años encontré un santo varón que tuvo a bien casarse conmigo. Por eso de preservar el anonimato y la intimidad, lo llamaremos así: Santovarón.

Mi Santovarón no sólo conocía mi faceta desastre, sino que era mi complemento ideal: un hombre apañao. Más que apañao, "ultraapañao". En nuestros primeros meses juntos se encargaba de hacer la compra, de poner lavadoras, de hacer la comida.  Al final, todo santo varón, por muy santo que sea, tiene un límite. Y un día se le inflaron las narices y me echó la bronca. Pero no es fácil cambiar del día a la mañana. Cuando se juntan una desastre y un maniático-del-orden, es inevitable que salten chispas. Hicieron falta unas cuantas broncas para que yo me pusiera las pilas y me enmendara un poco. Y otras cuantas más para que él cediera y tolerara sin que le saliera una urticaria un poco de desorden en su vida.

Pero la paz y tranquilidad duró poco. Como mi Santovarón, además de apañao, era un padrazo en potencia y ardía en deseos de tener niños, sólo celebramos un aniversario como familia de dos. En nuestro segundo aniversario ya nos acompañaba un pequeño terremoto. Llamémosle, por ejemplo, Juanito. Os podría contar que tiene unos ojazos preciosos y una sonrisa pícara encantadora. También os podría contar que me come muy mal y que aún no duerme del tirón. Pero ya tendréis tiempo de aburriros de que hable de él (lo siento, es mi blog).

Para el tercer aniversario, ya teníamos en casa a la hermanita, una croquetilla sonriente de 3 meses. Llamémosla, por ejemplo, Lagorda. Como buena segunda de la casa, es muy tranquila. Come y duerme. Y cuando se despierta, lo primero que hace es sonreír. Aunque esté sola. Algunas mañanas, cuando vuelvo al dormitorio después de darle el desayuno al hermano, me la encuentro sonriendo al techo, tan feliz.

Y hasta aquí llega mi pequeña familia. No, no tengo intención de ampliarla. Como le dije a mi Santovarón en medio de los dolores de parto, “ya  no me engañas más”.





domingo, 7 de octubre de 2012

Me presento


Un desastre madre. O madre desastre. Esa soy yo.

De ahí el nombre del blog. No es sólo que no sé cocinar, no había puesto nunca una lavadora hasta hace poco, soy daltónica para el estilismo y no me gustan demasiado los niños, no. Es que además, sin meditarlo mucho, agarro y traigo al mundo dos churumbeles en 2 años.

Ea, no vayamos a aburrirnos;
que así juegan juntos;
que será duro al principio, pero luego se crían solos;
que los llantos en estéreo tienen más "encanto";
que... a quién voy a engañar, que no lo pensé mucho.

Pero es que además, para más "inri" como diría mi abuela, después de mucho navegar y de mucho leer sobre el tema, mis ideas sobre crianza se han asentado muy cercanas a la conocida como crianza con apego (osease, quiero ser una madre flowerpower toda amor, parto natural, piel con piel, teta y mimos, que se lee todos los libros de Rosa Jové y Carlos González, y que no deja llorar a su hijo, no le grita, respeta sus ritmos y sus necesidades afectivas). Ahí es ná.

Pero si no soy capaz ni de hacer bien un bizcocho, ¿cómo voy a conseguir todo eso?

Nada, nada. En lugar de acobardarme, voy y solicito una excedencia laboral para ser madre full-time. De nuevo sin meditarlo mucho, claro. Que si no, no se explica que una madre desastre que no sabe freír un huevo, que adora su trabajo y que tenía un instinto maternal más bien justito, haga semejante cosa.

Será que la maternidad me ha vuelto loca. O será que mis dos pequeños han puesto patas arriba mi vida, la han llenado de alegría y me han transformado por el camino (aunque sigo sin saber freír un huevo).

El caso es que aquí me hallo. Embarcada en mi proyecto personal "mamá-ama de casa a tiempo completo", intentando criar con todo mi cariño y mi esfuerzo a mis hijos. Llevo un mes. He llorado tres veces, casi me tiro por el balcón dos veces, he gritado casi todo el tiempo y al final he decidido abrirme un blog a ver si me desahogo un poco. 

jueves, 4 de octubre de 2012

Primer post


Ala, otro blog de maternidad. Qué original.

Lo sé, llego tarde, muy tarde. Me suele pasar, que no estoy “en la onda” (esto se sigue diciendo así, ¿no?) y las modas se me pasan. Cuando me animo a comprarme unos zapatos de punta cuadrada, se empiezan a llevar los de punta redonda. Y así casi todo.

El caso es que llevo mucho tiempo sumergida en la blogosfera maternal, pero sólo como lectora. A veces me apetecía escribir, contar las cosas de mis niños, mis vivencias como madre, mis opiniones sobre éste o aquel tema. Pero no acababa de animarme. Fundamentalmente porque la blogosfera está llenita de gente que cuenta las cosas con más gracia, mejores argumentos y redacción más cuidada que yo. No tengo nada que aportar.

Que me apetece desdramatizar la mala vida que puede dar la maternidad con algún post gracioso sobre las travesuras de mis niños, pues resulta que me encuentro con blogueras  consagradas que ya lo hacen divinamente, como Blog de madre, Hija no hay más que una, la Dra Jomeini o la madre del Gremlin. Por decir sólo algunas, que hay un montón más. No tenéis más que visitar el ránking de Madresfera

Que quiero quejarme del trabajo que me dan mis dos niños, de mi insomnio y mis ganas de tirarme de los pelos por no tirarlos por el balcón. Pues me encuentro con madres de 3 teutones terremotos  o incluso madres de 4 tigresas, a las que les quedan ganas y humor al final del día para hacernos reír un ratito a las demás.

Que me apetece hablar de lactancia, pues encuentro fabulosos post como los de Una maternidad diferente, o los de La mamá vaca, entre muchos otros, y me encuentro sin nada que aportar.

Que quiero hablar de partos, episiotomías, cesáreas, ginesaurios y demás, pues descubro blogs estupendos dedicados al tema, como el de la genial Lady Vaga.

Y así podría seguir con casi cualquier tema que se me ocurra.

Así que, avisados quedan ustedes: no esperen encontrar en este blog nada especialmente original; sólo soy una madre desastre que escribe de sus cosas. Tampoco encontrarán una prosa cultivada; no soy periodista ni escritora, ni siquiera soy de letras. No esperen artículos de revisión de temas de actualidad; no tengo tiempo de documentarme ni de contrastar información. No esperen reír mucho con mis posts; me pasan cosas graciosas, pero no tengo gracia contándolas. En resumen, que además de madre desastre también soy una bloguera desastre.

El motivo que me mueve a comenzar este blog es entonces otro: La catarsis, el desahogo que me proporciona compartir mis experiencias. Y el deseo de formar parte de una “tribu” virtual de madres.

Además, me gustaría dejar un testigo impreso de los avances de mis pequeños, almacenar por escrito los recuerdos bonitos que me deja mi vida como madre. Así que, otro aviso para navegantes: habrá posts edulcorados. Edulcorados y cursis. Porque además de madre desastre y bloguera desastre, también soy un poco ñoña.

Y si después de estas confesiones aún desean seguir leyendo, pasen, lean y, por favor, comenten. Bienvenidos a mi blog.